lunes, 2 de abril de 2018

EL ENEMIGO EN CASA

Soy carne de reality, el ser una voyeur sin miedo a que te pillen espiando , en algunas ocasiones, me despierta curiosidad.
Hace unos días, 2 mujeres dentro de uno de estos programas, insultaban a otra, poniendo como punto de referencia para los golpes, su físico.
Una cara menos agraciada y un cuerpo no estandar, eran motivos mas que suficientes para tirar por tierra a otra mujer.

Estos no es algo nuevo, siempre he sentido, que muchas veces somos nosotras mismas quienes lapidamos los cuerpos de otras , pero cuesta creer que en estos tiempos que corren, donde el mundo tiene nombre de mujer y la energía que se respira es femenina, sigamos atizando tan fuerte y tan duro contra nosotras mismas.

Es escandalosamente horrible, que todavía muchas mujeres piensen que el largo de una falda, sea la culpable o no de la decencia de la misma o que nosotras seamos chicas fáciles, por amar sin medida y abrir nuestras sábanas a quien queramos,  mientras ellos sean Don Juanes conquistadores...
Es asombroso, que tengamos que pedir respeto entre nosotras y que  al mismo tiempo seamos las que no somos capaces de ver que la mujer debe ser libre para pensar, para vestir , para sentir.

No podemos pedir respeto hacia otros, cuando nosotras mismas no somos capaces de tenerlo, unas con otras. Porque esa falta de sororidad?, porque tenemos esa lucha constante hacia el resto de mujeres?, porque nos sentimos atacadas por otra mujer mas guapa, mas alta, distintas unas de otras, todas especiales al fin.

Sabemos de sobra, que son creencias arraigadas, grabadas a fuego, de generación en generación, donde la mujer era solo un objeto, donde nos hacían luchar unas contra otras, para conseguir el amor del guerrero... pero esos tiempos ya pasaron... no necesitamos a nadie que nos salve, nosotras podemos hacerlo solas, no necesitamos a nadie que nos adule, porque nosotras ya sabemos como somos al mirarnos al espejo, no necesitamos ser gatas y pelear por un trofeo, porque quizás , ese "Don Juan", no merezca estar en nuestra vitrina.


Yo espero, que día a día, cada una en nuestro micro mundo, vayamos cambiando esas raíces, que las nuevas generaciones, no sientan esos ataques y esa falta de empatía femenina, que dejemos de infravalorarnos, que el físico femenino no sea un gran saco de boxeo y deje de ser golpeado.
Que seamos capaces de querernos tanto, que no tengamos que competir con nadie, porque cada una somos especiales y todas sumamos.
Mujeres del mundo, seamos compasivas con nosotras, que no se nos olvide, que somos capaces de cambiar el planeta.



LA MAS DULCE DE TODAS

Corta en pedazos las fresas, con exquisita  precisión, con aquella que quizás había hecho que todo acabara.  Mezcla con sus manos la h...