lunes, 26 de febrero de 2018

CON LA CASA A CUESTAS


Escuché, a Ivan Ferreriro decir en una entrevista,  "que uno es, de donde lo quieren" y no puede llevar mas razón.
Por suerte, he vivido y viviré , en muchos sitios a lo largo de mi vida, en todos y cada uno de ellos me he sentido como en casa.

Al principio, tienes el sentimiento de morriña y añoranza, de las calles de tu ciudad, del olor, aunque en mi caso, este sea cada día mas a un humo irrespirable, echas de menos, sus tiendas, sus bares... , te preguntas, si habrá sido buena idea, hacer de nuevo las maletas y abandonar tu zona de confort.

Piensas que no hay ninguna ciudad mejor que la tuya, pero como siempre la vida nos sorprende y nos dice a la cara, que nuestras creencias son limitantes.

Existen lugares, mas allá de nuestras fronteras emocionales, porque los hogares se construyen, con las gentes que se encuentran en el camino y con las experiencias que se viven.
Poco a poco se va construyendo un hogar , a través de los sentimientos que vas experimentando, en cada rincón de tu nuevo destino.En cada mudanza, en cada redecoración de vivienda, se tiene una ilusión por intentar exprimir todo lo posible , cada minuto, en ese recién lugar desconocido.

Para muchos, este ir y venir de cajas, a lo largo del tiempo, supone una angustia en sus vidas, pero para mí, como decía Elvira Lindo, es necesario, "porque quiero vivir, muchas vidas en una sola".

Cada destino, resulta atractivo, porque cada sitio te pone a prueba, te hace sacar lo mejor de ti y también te ayuda a vivir con tus miedos, a combatir el desapego, la angustía al que pasará... esa maravillosa incertidumbre, que nos hace estar atentos a todo lo que nos pueda ocurrir.
El universo, va poniendo en mi camino, personas maravillosas en cada rincón que visito, dejando una familia de piel, extensa y preciosa.

Soy, una viajera de larga duración, mi forma de conocer y tener experiencias en la vida, es tenerlas dentro de cada ciudad, de sus calles, de sus costumbres... aunque siempre hay algún pensamiento, que hace que te vuelvan imágenes, recordándote de donde vienes y porque no, echando de menos la ciudad y la gente que te vio crecer.

Gracias a estas idas y venidas, el desapego se trabaja de forma espasmosa,  la vida nos enseña, que podemos ser de cualquier lugar, que solo , nos hace falta querer y amar, para ser felices y hacer felices a otros, allá por donde vayamos. Que el echar de menos tu ciudad, o tus gentes, es bonito, que no tenemos porque verlo como algo desagarrador, sino como una bendición, el poder experimentar este sentimiento, desde la libertad de crecer cada uno por su camino y saber que estas haciendo lo correcto.

Yo, sigo esperando que el universo, me siga sorprendiendo y quizás algún día, un lugar me atrape, me enamore y quiera amarrar mi barco en su orilla, pero como requisito indispensable, siempre tendré que tener gente a quien abrazar y querer, porque entonces, sabré que he llegado a casa. 

lunes, 12 de febrero de 2018

CORAZON DE MUDANZA




En breve comenzará la mudanza familiar, para mí que me he mudado mas de 20 veces a lo largo de mi vida (y las que me quedan), no me resulta extraño, pero esta vez, no solo se mudan los muebles de un salón a otro, esta vez, en cada caja que se empaqueta, el corazón se retrotrae 4 décadas atrás.
No se cuanto se puede llegar a acumular en 4 paredes durante casi 40 años, cuantas sonrisas, lagrimas, decepciones, sorpresas y minutos se han podido derramar a lo largo de la historia de la vida de esa casa, convertida en hogar al poco de llegar a ella.
Entre todo lo que tendremos que tirar, se encuentran recuerdos, algunos tan remotos que ni siquiera sabía que seguían allí. Ahora, en esta sociedad minimalista, que nos incita por un lado a consumir y por otro a no necesitar casi nada, parece increíble que mi madre conserve vestidos de mi niñez y libros de mi adolescencia. Quizás sea para no olvidar lo que un día fue esa casa, lo que un día vivimos y sentimos allí. Poco a poco, como si de una larga alfombra se tratara, la vida ha ido tejiendo un mapa, distribuido en 3 habitaciones, un baño, un salón y una cocina, 70 metros cuadrados de aliento familiar.

Aunque nunca me gusto mi casa, reconozco que he sido feliz en ella, mi primer novio conoció aquella habitación, que en un momento de locura quise pintar de negro, esa cama de 90 cm, que durante mi adolescencia me soportaba tirada un día y otro también, escuchando música con unos cascos de cable infinito, para poder bailar mientras el sonido salía de ellos, quien me iba a decir que ahora serían minúsculos, casi invisibles.

El recordar los buenos y malos momentos que pasé en el hogar, hace que sepa que tengo un pasado, una historia, que tengo canas en el cabello y en el alma, porque también con el tiempo la vida se va decolorando.
Esa casa, vio como algunos de mis sueños se cumplían y otros se quedaban olvidados en alguno de los cajones, que ahora con nostalgia sigo pensado,…. Porque no soñé con mas fuerza??, porque no soñé con mas ahínco?, no ves que los sueños se cumplen tonta..., porque no te lo creíste….
Quizás , porque en esa casa el soñar alto no estaba bien visto, porque era mejor conformarse, ..la asquerosa creencia de merecer poco...la lacra de los pobres de espíritu.
Que pena no haber sido mas valiente, con mas arranque, con mas bemoles.
Pero quizás no tenía porque ser allí el comienzo de mi vida. Quizás esas paredes solamente me prepararon para lo que vendría después, para intentar tener un hogar con techos de altura infinita y saber que no hay temor a desear subir muy alto, porque solo nosotros somos los responsables de cortarnos las alas.


lunes, 5 de febrero de 2018

UNA HISTORIA CUALQUIERA




Mi historia, no tiene un día concreto, ni un hecho exacto.
Mi historia, es una consecución de miedos, fobias, desengaños, alegrías y tristezas…
Tengo 40 años, aunque mi mente me diga que sigo con los 20…., soy de esas chicas llamadas “curvis”,que ahora tanto nos invaden con mensajes como “quiérete”, “ámate”,”eres única”…, como si el hecho de tener kilos de mas o un cuerpo distinto, diera por hecho que no lo hago ya.

Pero quizás no les falte razón para pensarlo, ya que hubo épocas de sudores a ritmo de aeróbic y pesas, tiempos de restricciones en mi plato que ayudaron a sujetar esas grasas que me acompañaban desde pequeña. Conseguí por unos años, ser una talla estándar, ni de menos ni de mas, simplemente una talla estipulada. La talla, que debía de tener para ser una chica "normal".

Pero un buen día, cuando la vida giro, cuando el mundo se puso del revés, el cuerpo grito mas fuerte que nunca y su sangre se retuvo en mis piernas.

Cada emoción contenida, aumentaba unos centímetros de mas mi pantalón, cada paso indeciso y atemorizado que daba, hacia que la camiseta se volviera menos holgada.
Comprendí que cada kilo de grasa de mas , era un kilo de autoestima de menos.
Comprendí, que mi plato se llenaba para calmar mi angustia y no mi hambre.
Comprendí que no solo engordaban las calorías del pastel, sino el amor o el odio con el que repartiera las porciones.


A día de hoy, la historia sigue, mi historia sigue, en una lucha por encontrar mi lugar en este mundo de tallas y estereotipos, sigo luchando por digerir la vida de la mejor manera posible y preocuparme tan solo, de mis kilos de autoestima, porque como dice Marta Botia, "la vida te adelgaza y te engorda", todo dependerá de la forma en que mastique mis miedos, sobereé mis triunfos o desmenuce mis tristezas.

La vida es un menú, con sus platos dulces y amargos, con sus atracones y sus días de ayuno. La pena, es que nadie nos dijo los bocados que debíamos dar, para no empacharnos. Por eso, en algunas ocasiones, se nos atraganta algún plato ,nos cuesta digerirlo y pedir uno nuevo, porque el miedo a lo desconocido nos paraliza la comanda.

Hay que seguir intentado probar sabores y texturas distintas, que nos hagan felices, fuertes, que nos quiten el miedo a vivir, a equivocarnos, porque en eso consiste todo.
Tenemos un gran banquete que disfrutar.



LA MAS DULCE DE TODAS

Corta en pedazos las fresas, con exquisita  precisión, con aquella que quizás había hecho que todo acabara.  Mezcla con sus manos la h...