Escuché, a Ivan Ferreriro decir en una entrevista, "que uno es, de donde lo quieren" y no puede llevar mas razón.
Por suerte, he vivido y viviré , en muchos sitios a lo largo de mi vida, en todos y cada uno de ellos me he sentido como en casa.
Al principio, tienes el sentimiento de morriña y añoranza, de las calles de tu ciudad, del olor, aunque en mi caso, este sea cada día mas a un humo irrespirable, echas de menos, sus tiendas, sus bares... , te preguntas, si habrá sido buena idea, hacer de nuevo las maletas y abandonar tu zona de confort.
Piensas que no hay ninguna ciudad mejor que la tuya, pero como siempre la vida nos sorprende y nos dice a la cara, que nuestras creencias son limitantes.
Existen lugares, mas allá de nuestras fronteras emocionales, porque los hogares se construyen, con las gentes que se encuentran en el camino y con las experiencias que se viven.
Poco a poco se va construyendo un hogar , a través de los sentimientos que vas experimentando, en cada rincón de tu nuevo destino.En cada mudanza, en cada redecoración de vivienda, se tiene una ilusión por intentar exprimir todo lo posible , cada minuto, en ese recién lugar desconocido.
Para muchos, este ir y venir de cajas, a lo largo del tiempo, supone una angustia en sus vidas, pero para mí, como decía Elvira Lindo, es necesario, "porque quiero vivir, muchas vidas en una sola".
Cada destino, resulta atractivo, porque cada sitio te pone a prueba, te hace sacar lo mejor de ti y también te ayuda a vivir con tus miedos, a combatir el desapego, la angustía al que pasará... esa maravillosa incertidumbre, que nos hace estar atentos a todo lo que nos pueda ocurrir.
El universo, va poniendo en mi camino, personas maravillosas en cada rincón que visito, dejando una familia de piel, extensa y preciosa.
Soy, una viajera de larga duración, mi forma de conocer y tener experiencias en la vida, es tenerlas dentro de cada ciudad, de sus calles, de sus costumbres... aunque siempre hay algún pensamiento, que hace que te vuelvan imágenes, recordándote de donde vienes y porque no, echando de menos la ciudad y la gente que te vio crecer.
Gracias a estas idas y venidas, el desapego se trabaja de forma espasmosa, la vida nos enseña, que podemos ser de cualquier lugar, que solo , nos hace falta querer y amar, para ser felices y hacer felices a otros, allá por donde vayamos. Que el echar de menos tu ciudad, o tus gentes, es bonito, que no tenemos porque verlo como algo desagarrador, sino como una bendición, el poder experimentar este sentimiento, desde la libertad de crecer cada uno por su camino y saber que estas haciendo lo correcto.

Yo, sigo esperando que el universo, me siga sorprendiendo y quizás algún día, un lugar me atrape, me enamore y quiera amarrar mi barco en su orilla, pero como requisito indispensable, siempre tendré que tener gente a quien abrazar y querer, porque entonces, sabré que he llegado a casa.
Por suerte, he vivido y viviré , en muchos sitios a lo largo de mi vida, en todos y cada uno de ellos me he sentido como en casa.
Al principio, tienes el sentimiento de morriña y añoranza, de las calles de tu ciudad, del olor, aunque en mi caso, este sea cada día mas a un humo irrespirable, echas de menos, sus tiendas, sus bares... , te preguntas, si habrá sido buena idea, hacer de nuevo las maletas y abandonar tu zona de confort.
Piensas que no hay ninguna ciudad mejor que la tuya, pero como siempre la vida nos sorprende y nos dice a la cara, que nuestras creencias son limitantes.
Poco a poco se va construyendo un hogar , a través de los sentimientos que vas experimentando, en cada rincón de tu nuevo destino.En cada mudanza, en cada redecoración de vivienda, se tiene una ilusión por intentar exprimir todo lo posible , cada minuto, en ese recién lugar desconocido.
Para muchos, este ir y venir de cajas, a lo largo del tiempo, supone una angustia en sus vidas, pero para mí, como decía Elvira Lindo, es necesario, "porque quiero vivir, muchas vidas en una sola".
Cada destino, resulta atractivo, porque cada sitio te pone a prueba, te hace sacar lo mejor de ti y también te ayuda a vivir con tus miedos, a combatir el desapego, la angustía al que pasará... esa maravillosa incertidumbre, que nos hace estar atentos a todo lo que nos pueda ocurrir.
El universo, va poniendo en mi camino, personas maravillosas en cada rincón que visito, dejando una familia de piel, extensa y preciosa.
Soy, una viajera de larga duración, mi forma de conocer y tener experiencias en la vida, es tenerlas dentro de cada ciudad, de sus calles, de sus costumbres... aunque siempre hay algún pensamiento, que hace que te vuelvan imágenes, recordándote de donde vienes y porque no, echando de menos la ciudad y la gente que te vio crecer.Gracias a estas idas y venidas, el desapego se trabaja de forma espasmosa, la vida nos enseña, que podemos ser de cualquier lugar, que solo , nos hace falta querer y amar, para ser felices y hacer felices a otros, allá por donde vayamos. Que el echar de menos tu ciudad, o tus gentes, es bonito, que no tenemos porque verlo como algo desagarrador, sino como una bendición, el poder experimentar este sentimiento, desde la libertad de crecer cada uno por su camino y saber que estas haciendo lo correcto.

Yo, sigo esperando que el universo, me siga sorprendiendo y quizás algún día, un lugar me atrape, me enamore y quiera amarrar mi barco en su orilla, pero como requisito indispensable, siempre tendré que tener gente a quien abrazar y querer, porque entonces, sabré que he llegado a casa.





