Mi historia, no tiene un
día concreto, ni un hecho exacto.
Mi historia, es una
consecución de miedos, fobias, desengaños, alegrías y tristezas…
Tengo 40 años, aunque mi
mente me diga que sigo con los 20…., soy de esas chicas llamadas
“curvis”,que ahora tanto nos invaden con
mensajes como “quiérete”, “ámate”,”eres única”…, como si el hecho de tener kilos de mas o un cuerpo distinto, diera por hecho que no lo hago ya.
Pero quizás no les falte razón para pensarlo, ya que hubo
épocas de sudores a ritmo de aeróbic y pesas, tiempos de
restricciones en mi plato que ayudaron a sujetar esas grasas que me
acompañaban desde pequeña. Conseguí por unos años, ser una talla
estándar, ni de menos ni de mas, simplemente una talla estipulada. La talla, que debía de tener para ser una chica "normal".
Pero un buen día, cuando
la vida giro, cuando el mundo se puso del revés, el cuerpo grito mas fuerte que nunca y su sangre se retuvo en mis piernas.
Cada emoción contenida,
aumentaba unos centímetros de mas mi pantalón, cada paso indeciso y
atemorizado que daba, hacia que la camiseta se volviera menos holgada.
Comprendí que cada kilo
de grasa de mas , era un kilo de autoestima de menos.
Comprendí, que mi plato se llenaba para calmar mi angustia y no mi hambre.
Comprendí que no solo engordaban las calorías del pastel, sino el amor o el odio con el que repartiera las porciones.
Comprendí, que mi plato se llenaba para calmar mi angustia y no mi hambre.
Comprendí que no solo engordaban las calorías del pastel, sino el amor o el odio con el que repartiera las porciones.
A día de hoy, la
historia sigue, mi historia sigue, en una lucha por encontrar mi lugar
en este mundo de tallas y estereotipos, sigo luchando por digerir la
vida de la mejor manera posible y preocuparme tan solo, de mis kilos
de autoestima, porque como dice Marta Botia, "la vida te adelgaza y te engorda", todo dependerá de la forma en que mastique mis miedos, sobereé mis triunfos o desmenuce mis tristezas.
La vida es un menú, con
sus platos dulces y amargos, con sus atracones y sus días de ayuno.
La pena, es que nadie nos dijo los bocados que debíamos dar, para no empacharnos.
Por eso, en algunas ocasiones, se nos atraganta algún plato ,nos
cuesta digerirlo y pedir uno nuevo, porque el miedo a lo desconocido
nos paraliza la comanda.
Hay que seguir intentado probar
sabores y texturas distintas, que nos hagan felices, fuertes, que nos quiten el miedo a vivir, a equivocarnos, porque en eso consiste todo.
Tenemos un gran banquete que disfrutar.
Tenemos un gran banquete que disfrutar.


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